Tunkashila y La Mujer

Muchos de mis escritos parten del arquetipo femenino divino para hablar del maravillo poder de ser mujer, de la fiereza que hay en una mujer para defender sus creencias y la sabiduría que precede a esta mujer cuando hace de sus creencias una carga que puede dejar de cargar cuando ella así lo desea, pero en ellos está integrada la presencia masculina, no hay uno sin el otro, los dos son uno del uno original.


En este escrito nos invito a tomar el maravilloso sentido de la mujer y su creación a partir del principio masculino y vislumbrar en este génesis de los Sioux uno de los misterios cósmico que habita en cada una de nosotras.


Quiero platicarles de Tunkashila, al abuelo dios quien, llegado el momento en el proceso de la creación, se dispuso a crear a la mujer, en ese entonces no había luna, todo era sagrada novedad y Tunkashila llamo a todos los planetas y cuando estuvieron todos reunidos, Tunkashila (el abuelo sol) con una gran luz, se quitó uno de sus ojos y lo lanzo al viento de su visión, hacia un lugar determinado y ese destello que salió del viaje de su ojo, era femenino y se convirtió en la Luna y en su nueva orbita este planeta-rojo, dio a vida a la mujer.


Y durante la obscuridad de esta luna nueva, le dijo a la luna y a la creación sutil que hay en ella: “Tu eres un planeta virgen, en ti habita ya una doncella de la Luna. Te he tocado y te he hecho de mi sombra. Quiero que tu doncella, camines sobre la tierra.” ¿Cómo caminare sobre la Tierra? Dijo ella y Tunkashila, creo el poder y la comprensión de la mujer, utilizo sus rayos e hizo un puente entre la luna y la tierra y la mujer camino en ese rayo, un camino, largo, muy largo, mucho, mucho tiempo le llevo cruzarlo. Tunkalisha arrojo sangre dentro de la mujer, y ella que camino el rayo hacia la tierra, camino también dejando una vena de sangre, que iba de la luna a la tierra, ese cordón umbilical que conecta con todo se introdujo en su cuerpo a través de él, ella está siempre conectada con la Luna y nueve meses de creación fueron dados a ella y el Gran Espíritu le dijo:

“Eres la vigilante de las generaciones. Eres la que da vida. Serás la portadora del Universo”


Pero había mucho más poder en la mujer todavía por ser develado, justo en el momento de la creación, otro relato narra cómo el poder de la luna descendió sobre la mujer, la sombra de la generación que empezó a trabajar en ella y empezó a sangrar por primera vez, utilizo corteza y piel de conejo para contener el flujo, su ciclo natura había comenzado al día siguiente al quitarse la corteza una gota de sangre de Luna cayo en la Tierra, Mashtinchala, el conejo de la pradera, se acercó y comenzó a jugar con ella, y Takuskansjan, el misterioso poder que acelera el fruto en el vientre y que da movimiento a todos los seres vivos, comenzaron a llevar la gota de sangre de un lado a otro, y esta empezó a tomar forma, se formaron bracos y piernas, corazón y ojos, hasta que la gota comenzó a moverse por sí misma y se convirtió en We Ota Wichasha, el primer hombre… hay mucha versiones sobre este momento tan especial, lo común en todas es el tremendo poder de las mujeres y su conexión con Luna, con el universo, con el secreto cósmico de la creación. Un poder que es honrado y venerado y temido; hoy podemos despertar, recordar y tomar en nuestras vidas el poder cósmico que habita en nosotras.


La historia me hace recordar que la presencia masculina es parte importante de la creación, y que el desarrollo de la creación, el principio del movimiento, están dentro del domino femenino. Si como mujeres recordamos que somos más que mujeres entre mujeres, que somos guardianas de la generaciones y portadoras del universo, nacidas de la Luna creada por el Sol, sabemos con certeza cuál es nuestra medicina: caminar por el puente elevado para nosotras, caminarlo con orgullo y honor, y saber que a nuestra llegada todo está hecho, todo nos espera solo hay que habitarlo, abrazarlo, honrarlo, mostrarlo con la fuerza ganada en el tiempo caminando, de la sangre que en nosotras corre y acabar con el temor en nosotras y en los que están junto a nosotras, entonces, podemos hacer lo que queramos, porque somos mujeres guardianas de lo más valioso en la vida, nuestro poder cósmico creador.


Caminemos con pies descalzos, hombres y mujeres gestando una nueva era.

Bernardette Tristan


7 comentarios en “Tunkashila y La Mujer”

  1. silvia juarez flores

    Ah grandiozo el recordar ese poder que por ignorancia y miedo lo escondemos y oprimimos.
    Gracias Berny por seguir quitandome el velo del temor que cubre mi grandeza femina🙏🙏🙏

  2. Patricia Samayoa Amiel

    Interesante relato. La belleza de la mixta de Generos y Planetas, y el inicio de el engendro a la humanidad. Bello relato. Felicitaciones Berna; por ti hoy me dormire habiendo aprendido algo nuevo, como debe suceder todas las noches, antes de dormir. Abrazos y Bendiciones.

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